
Se disolvió aquella comparsa cuando cumplió diez años, qué pena, qué rabia, y nunca pensé en aquellos días que iba a quedarme fuera de este barco del cual formaba parte en su tripulación. No quise chirigotas, pues no me siento chirigotero, y dejé en la estacada (lo siento amigo, comprende la pringue que embadurna mis venas) al carnavalero, donde los haya, Sergio Alises, que me propuso colaborar con él en la “callejera” chirigota del Jero. Única oferta “oficial” que recibí desde aquel momento hasta la actualidad (ya es un poco tarde, ¿verdad?), aunque hubo “no oficiales” a las cuales no les he dado mucha credibilidad, pues por ser “no oficiales” oficialmente no tenían mucha veracidad en sus formas. Siendo sincero, y aquí siempre lo he sido, siempre esperé una llamada del amigo Maikel, pues sabía que volvía al carnaval pero Paco Polo no estaba a su lado, llamada que nunca se produjo, e ilusión, pues la sentía al pensar en escribirle, que dejó de campear en mi cabeza cuando le dije, en viva voz (aunque no se si recordará pues el momento, las copas de más y la música alta, fue en la boda del Boni Padilla, no eran las idóneas, o quizá si, no sé) que me había quedado esperando esa llamada, a lo que él respondió con una socarrona sonrisa que eso era material y moralmente imposible. Sí señor, claro y conciso (Maikel, te sigo queriendo). Por todo esto es cierto que he llegado a darle toda la validez del mundo a aquellos comentarios que hablaban de que si yo salía cantando era simple y llanamente porque era el “autor” de una comparsa, porque cantar, lo que se dice cantar, cantaba poco y mal (más o menos como Juan Carlos Aragón, jejeje). En fin, señores, que quieren que les diga: pues nada porque hablar de ello y decir lo que siento, respecto a ese tema, la verdad, me da mucha pereza.
Pero, dejando de lado mi naufragio de los últimos meses, vuelvo a lo que realmente he venido a decir. Hoy he buceado por esa amalgama de blogs, páginas webs y demás foros (estos un poco muertos), y he visto que el carnaval, fuera de la semana de carnaval, sigue existiendo; y al verlo he resucitado del estado latente donde he invernado desde aquel fatídico día de marzo, me he sentido vivo y, asombrado, he vuelto a mirar el calendario para contar los días que faltan para la visita del ruido de Don Carnal. Me ha restablecido ver la sonrisa y la cara de felicidad (él sí es verdad que ama esta fiesta) de mi amigo Viedma, el fanatismo y la pasión de los hermanos Cano (yo quise ser como ellos, pero no supe hacerlo bien, además de no estar en el lugar y con la gente adecuada), he sentido que Calvente hace tiempo olvidó aquellas lágrimas cuando se esfumó su comparsa, que los chirigoteros que antes fueron amigos comparsistas van superando expectativas, además de vérseles felices y unidos e ilusionados con esta nueva etapa, con este nuevo proyecto, que Maikel apunta las maneras que sólo él puede mostrar en este carnaval que le debe tanto… que he vuelto a sentir un submundo creyéndome fuera de él y he caído en la cuenta, sin pensarlo dos veces, que me hubiera gustado estar ahí: he amado, luchado, bregado, gritado, rasgado las vestiduras, por esta fiesta que por más olvido que quiera suministrarle sé que tengo la batalla perdida.
Algo si tengo claro, de algo me han servido todos estos meses, y es la conciencia de vivir como nunca, y espero que con la misma fiereza con la que lo hice en un grupo, el carnaval: con mi mujer, con mi hijo, con todos los amigos que, a Dios gracias, tengo en la fiesta, con todos los “enemigos”, a Dios gracias, que he ganado, por mi “no se qué”, y con los que intentaré trabar amistad (Miguelín Soria!!!!! Creo en ello, creemos en ello, hay que intentar hacer que se crea en ello!!!!!).
Me gusta que todo siga igual. Que se siga luchando por una fiesta a la que tanto amo. Haciendo que los que estamos en mi lugar nos sintamos vivos. Fíjense cómo de vivos que amenazo resurgir con un romancero.