jueves, 10 de abril de 2014

El último en salir

Se hará de noche esta noche. Con un último suspiro me despediré del palo, de la trabajadera, hasta el lunes mayúsculo que año a año me ha ido desgastando el hambre y el alma. Diez años de aprendizaje, de aprendices y maestros, de hacerse valiente perdiendo la cobardía en lunes y viernes sembrados de dudas y respuestas. En tu parihuela me has hecho un verdadero costalero, de esos que te aman más que al racheo y la mecida; me has hecho hermano de mis hermanos, amigo de mis amigos, y enemigo de nadie. A tu parihuela llegué como un mercenario y salgo convertido en una acuarela azul y blanca, pintada sobre el papel de un barrio, de una casa y de una familia. Era de la madrugá y descubrí un lunes festivo, glorioso y eterno; con otra madrugá menos silenciosa, con otra madrugá menos dolida. Fui de tu parihuela, soy de tu parihuela y, por más que la madera no llegue a mis sentidos, seré de tu parihuela, de tu ausencia en los ensayos, del querer llevarte encima.

Aún recuerdo el primer día, y no es porque ahora suene bonito, me trataste con más cariño que a ninguno; y es que a ninguno conocía. Me brindaste un sitio, me diste voz, me diste mando, me diste a tu capataz y a tus contraguías. Así, con esa generosidad desprendida, solo pude solo hacer que solo enamorarme perdidamente de tus cosas, de tu vida, de tu día a día. Día a día que viví, que medio vivo y que seguiré viviendo, porque, de otro modo, quiero seguir gozando de tu compañía. Aún recuerdo el primer día: entraba como costalero; salgo como un alma herida de tanto aguantar el costero, de tanto gritar “más paso, menos mecía”. Pero salgo de tus ensayos, no es el último de nuestros días; nos queda un lunes mayúsculo, nos quedan mil con otras pintas.


Se hará de noche esta noche. De diez años será la definitiva: la más triste, la más callada, la más silenciosa y amarga, la de la despedida. La última espera del Lunes, aún bajo ese manto donde gané tanta vida; de donde siempre intenté ser el último en salir.